A menudo se inscribe a los niños a deportes solo para que «gasten energía». Sin embargo, la neurociencia nos dice que podemos aspirar a más. Diamond & Lee (2011) compararon diferentes tipos de actividad física y descubrieron que las artes marciales tradicionales superan al ejercicio aeróbico común en el desarrollo de las funciones ejecutivas. ¿Por qué? Porque disciplicas como el Karate no son solo movimiento; son atención plena en acción. Requieren que el niño inhiba impulsos, memorice secuencias (katas) y mantenga la calma bajo presión. Esto recluta la corteza prefrontal dorsolateral, la zona encargada de la planificación y el foco. La conclusión para padres y médicos es clara: el ejercicio cognitivamente exigente es la mejor «medicina» para un cerebro en desarrollo. La madurez cognitiva y el control motor son dos caras de la misma moneda.
Referencia: Diamond, A., & Lee, K. (2011). Interventions shown to aid executive function development in children 4 to 12 years old. Science, 333(6045), 959–964. https://doi.org/10.1126/science.1204529